lunes, 10 de diciembre de 2012

Deficiencias que exigen mejorar los instrumentos de participación ciudadana


Vivimos tiempos en los que la sociedad civil (ONL, movimientos sociales, colectivos profesionales y cientos de miles de ciudadanos indignados) está recuperando parcelas importantes de la iniciativa social, reconquistando un protagonismo cívico y político que había perdido y que había sido ocupado por los partidos políticos y los poderes económicos. Hoy en día es la ciudadanía y las cientos de organizaciones en las que se agrupan quienes, a través de su reforzado activismo, las movilizaciones y sus expresiones de protesta, van marcando y generando un debate social donde se están cuestionando, destapando y abriéndonos los ojos de las graves deficiencias un un sistema social, económico y político que nos está llevando a una peligrosa deriva y cuyas consecuencias atentan peligrosamente contra el bienestar y la calidad de vida de millones de ciudadanos.

Sin lugar a dudas, hoy en día, la sociedad civil es la protagonista de los tiempos y los poderes políticos e institucionales intentan ir a la zaga (con más errores que aciertos) a la creciente demanda social fruto de la indignación general de una población que ha redescubierto que democracia significa “poder del pueblo” y que sus representantes institucionales no han respondido a las exigencias de legitimidad y eficiencia de un modelo y praxis de gestión pública que antepone, mantiene y defiende privilegios a sectores minoritarios mientras toma decisiones desfavorables para la mayoría de la población.



La vitalidad y activismo social que presenta la sociedad civil en nuestro país no ha tenido reflejo en el movimiento asociativo de San Juan de Aznalfarache, sumido en un proceso de irrelevancia cívica (salvo pocas y ocasionales excepciones) que viene propiciando un silencio e inactividad de gran parte de las asociaciones locales que se contrapone a los fundamentos básicos del asociacionismo como agente activo y protagonista de las comunidades. La sociedad sanjuanera viene quedándose huérfana de voces que recojan y expresen la realidad social local y de actores que activen y dinamicen la vida comunitaria. Un protagonismo social que tradicionalmente ha formado parte fundamental del campo de actuaciones del tejido asociativo y que dese hace tiempo viene perdiendo relevancia en este esencial cometido.


Hace más de 11 años que se constituyó el Consejo Local de Participación Ciudadana (CLPC) como órgano municipal de participación vecinal y sectorial e instrumento promotor y canalizador de la participación social. Si bien se han dado importantes pasos en las finalidades propias de este órgano, sus resultados en cuanto al fortalecimiento y presencia social de las asociaciones y al refuerzo de la implicación ciudadana en la realidad local no han obtenido efectos destacados, lo que recrea un balance con clarososcuros en la contribución del CLPC al refuerzo de la sociedad civil local.

El tiempo transcurrido desde su constitución (más de una década), su recorrido y los resultados obtenidos requieren de una reflexión y debate que permita analizar en profundidad la situación actual del órgano de participación municipal, al objeto de proceder a un riguroso diagnóstico del modelo participativo que nos hemos dotado y que sirva de base para buscar alternativas y soluciones destinadas a mejorar y optimizar las oportunidades que para el asociacionismo y la participación puede promover el CLPC.

La sociedad está sometida a continuos procesos de transformación donde las realidades sociales y culturales van cambiando. Esta situación se hace más relevante en los vertiginosos tiempos que vivimos. Los instrumentos de participación, como herramientas al servicio de la comunidad social, deben de ser readaptados y ajustados al pulso de las nuevas realidades Posiciones inmovilistas y de resistencia a los cambios sólo consiguen alejar y aislar a los procesos participativos del ámbito y los objetivos que se le presuponen y que les dan sentido, perdiendo su eficacia y el norte de los argumentos que los sustentan.

Cualquier manual sobre organizaciones o actuaciones de carácter social y que tenga como finalidad ofrecer respuestas a las realidades de la sociedad (el CLPC atiende a ambas naturalezas) exige procesos de evaluación y valoración habituales que permitan reconocer en profundidad el grado de alcance de los objetivos y finalidades que les son propios. Este sano ejercicio reflexivo promueve las capacidades de reconducir, mejorar y buscar mayores cotas de eficiencia a la acción y a la gestión por lo que se hace imprescindible (si se pretende atender a los principios fundadores del órgano de participación) dedicar un tiempo al análisis del recorrido y a los resultados que se vienen obteniendo y su propio carácter requiere que esos procesos sean compartidos y participativos donde todos los agentes tengan oportunidad de contribuir a un mejor y más profundo conocimiento de su situación actual. Sin evaluaciones periódicas que favorezcan una visión objetiva y con la suficiente perspectiva es muy probable que no se detecten deficiencias, errores y pérdida de eficacia, lo que hace muy posible que se derive hacia una pérdida de utilidad y rendimiento social de la experiencia participativa que supone el CLPC.

Continuar sin atender a la necesarios ajustes, su adecuación y reformulación que ayuden a mejorar su funcionamiento y gestión, apostando por la optimización y refuerzo de las oportunidades que para el desarrollo de nuestra comunidad ofrecería un proceso participativo más ambicioso en cuanto a su eficiencia y repercusión social, significa seguir perdiendo potencialidades de impulso de las organizaciones ciudadanas y de la sociedad civil. Tampoco ayudaría que las pretensiones de mejora no se generasen desde un debate verdaderamente participativo, abierto  y compartido donde todos los representantes tengan verdaderas opciones de expresar las diferentes visiones, valoraciones y propuestas que en la búsqueda de soluciones pueden enriquecer el número de alternativas que contribuyan, desde la aportación e implicación de todos, a hacer del CLPC un instrumento eficaz en la consecución de una sociedad local más vertebrada, activa y comprometida.

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